”Grande no es el que siempre gana, grande es el que nunca se rinde”.

En estos días hemos visto en varios textos la importancia de no desfallecer, persistir y no desmayar independientemente de la situación que en el presente se esté afrontando, hoy vamos en la misma dirección, espero sea de bendición

Todo ser humano sin excepción, en algún momento, y frente a alguna circunstancia desfavorable de su vida, ha enfrentado la tentación de rendirse, de “tirar la toalla.”

Mucho esfuerzo y pocos resultados, querer alcanzar un sueño y no verlo realizado, orar por un familiar y no ver cambios, darlo todo en una relación y no ver respuesta de la otra parte, esforzarse por instruir a otros sin que ellos pongan en práctica la instrucción, entre otras.

El decir de muchos ante estas situaciones es “me cansé, ya no puedo ni doy mas”.

Lo opuesto a rendirse es ser persistente y constante. El no darse por vencido en dichos momentos, reconocer y recordar constantemente que todo esfuerzo da fruto y produce grandes resultados, que la constancia bien orientada todo lo vence y que el ser persistente te hará triunfar, son los mejores argumentos para vencer la tentación de abandonar.

”Si estás pensando en rendirte por qué no ves resultados, recuerda que lo último que crece en el árbol es el fruto.” Emprendedor inquebrantable.

Pero hay aún un argumento más contundente que todos los anteriores y lo registra Dios a través del profeta en el texto del inicio:
”No obstante, lo dejo todo en manos del Señor; confiaré en que Dios me recompense”.

Él no se rinde, nunca falla, todo lo ve y todo lo conoce, Él es el único aliado con el que siempre podremos contar.

Recordemos siempre:
Los ganadores nunca se rinden, los que se rinden nunca ganan.

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